| Tokio Blues, de Haruki Murakami |
| Escrito por Susana | |
|
![]() Haruki Murakami nos cae bien. Un hombre sencillo en su forma de vivir que hace deporte, escucha buena música, viste de forma sencilla, come sano y no acude a fiestas de famosillos. Un trabajador incansable de las letras. La novela de Murakami no puede identificarse con una típica novela juvenil aunque trate de la transformación de unos jóvenes en sus primeros años universitarios. Describe pocas relaciones personales pero con mucha profundidad. Extraordinarios esos diálogos tan fluidos y rítmicos entre Watanabe y los personajes de la novela, en los que se entremezcla lo prosaico y lo trascendente, lo vulgar y lo elevado, lo patético y lo humorístico, forman una combinación que nos ha enganchado a la narración. Uno no se cansa nunca de leerlos. Ellos sustentan muchas de las mejores escenas de la novela, porque además de estar muy bien escritos, y muy bien traducidos por Lourdes Porta, tienen la viveza, el dinamismo y la verosimilitud que sólo logran los grandes novelistas. A través de ellos nos va mostrando al resto de personajes de la novela: La inestable Naoko, que fue novia de Kizuki, el mejor amigo de Watanabe y uno de los suicidas que aparecen en el relato, y de Reiko, una mujer, ya no tan joven, con la que Watanabe hace amistad cuando visita a Naoko en la casa de reposo donde se reponen de sus trastornos psicológicos. Midori, una encantadora universitaria activa y simpática con una penosa historia familiar, personaje que fue muy valorado en la reunión; y la triste y vulnerable Hatsumi, novia de Nasagawa, un aspirante a superhombre, al que Watanabe trata con una curiosa y distanciada admiración, auque siempre crítico con su forma de actuar. Murakami posee la agilidad y el andar ligero y de gran fluidez de un narrador de indudable talento. ¿Porque será que nuestro protagonista andaba tanto?, se preguntaba Jesús una y otra vez: el precio del metro, dar la sensación de grandes espacios recorridos, intencionalidad del narrador para mostrarnos determinados lugares, fueron algunas de las respuestas que se le pudieron ofrecer. En Tokio Blues apenas hay acción, apenas "pasa" nada que no sea la peripecia estrictamente personal de sus personajes, y sin embargo la novela nunca se hace pesada o rutinaria, sino que destaca por lo elegante y armonioso de la narración, aquellos que conocen más la literatura del autor, y en general la japonesa, nos dicen que así es su forma de escribir. Puede que en ciertas ocasiones echemos en falta una mayor variedad de tonos o un mayor vuelo imaginativo, pero la emoción de la mayor parte de los pasajes, siempre sincera y transparente, y el humor delicado de otros muchos (a pesar de lo triste de numerosos episodios ha sido una novela que a nosotros, en general, nos ha resultado más bien risueña y positiva, probablemente porque ya todos hemos pasado esa fase de transformación en adultos), contribuyen a sostener la tensión durante todo el relato. No nos ha extrañado el éxito de Tokio Blues y de la narrativa de Haruki Murakami, tiene algo que engancha: una especie de ensimismamiento de los personajes, que parecen vagar por el Tokio de la novela, sin padres, casi sin familias, con pocos amigos, reconcentrados en una suerte de abstracción de los sentimientos y las pasiones que respira modernidad sin perder al mismo tiempo su esencia intemporal. Leyendo Tokio Blues, algunos no han podido resistirse a traer a su imaginación los recuerdos del episodio tokiota de Babel de Alejandro González Iñárritu, que tiene algo (o mucho) de la peculiar atmósfera murakamiana. "-En una caja de galletas hay muchas clases distintas de galletas. Algunas te gustan y otras no. Al principio te comes las que te gustan, y al final sólo quedan las que no te gustan. Pues yo, cuando lo estoy pasando mal, siempre pienso: "Tengo que acabar con esto cuanto antes y ya vendrán tiempos mejores. Porque la vida es como una caja de galletas". Podríamos pensar que este ejemplo estuviese extraído de la famosa escena de la caja de bombones de Forrest Gump. Pues no, en todo caso al revés, porque, tal como se comentó en la reunión, la película de Robert Zemeckis es de 1990, y la novela de Murakami de 1987. De la misma forma que se dieron otros ejemplos exactos, como el de la maleta de la abuela, una historia de tradición familiar que tan bien nos retrató Amparo. Un par de escenas nos resultaron muy emotivas por su sentimentalidad: La acción que se desarrolla entre el protagonista y Midori en el tejado de la casa de esta mientras miran como se quema un edificio cercano, y el reencuentro entre Reiko y Watanabe, en el que ambos recuerdan a su amiga Naoko con una interminable lista de temas musicales que es toda una antología del pop occidental. -Sé feliz -dijo Reiko en el momento de separarnos-. Ya te he dado todos los consejos que podía ofrecerte. No me queda nada que decir. Sólo que seas feliz. Te deseo la parte de felicidad que le correspondía a Naoko, y también la mía. Susana Hernández NOTA: Me habéis pedido, aquellos que seguís este blog, que os adelante los libros que iremos trabando, así que os adelanto que el próximo será LA BIBLIA DE NEON de John Kennedy Toole. Y... gracias por vuestras sugerencias. |