Ya he hablado con anterioridad de un programa televisivo de entrevistas que a veces me resulta interesante, por lo que presto atención al nombre de los invitados y acontinuación decido si me apetece verlo o no (así de crueles podemos llegar a ser con el trabajo de los demás que "crean" para nosotros). Esta vez Antonio San José compartía mesa con Alex Rovira, autor de un libro, "la buena vida" que se coloca en las lista de los 5 más vendidos en este país, en la categoría de no ficción.
Normalmente el presentador de este programa suele ser un tipo que sabe llevar bien las conversaciones, cómo extraer de un silencio una pausa que precede a una revelación más profunda, y cuándo aportar su presencia para que el diálogo estancado siga fluyendo.
Pero en esta ocasión, no le hizo ninguna falta recurrir a sus buenas habilidades, porque Alex Rovira hablaba sólo, iluminado por una profunda fe en su pensamiento, de tal modo que su discurso parecía efectivamente el del que ha encontrado el (su)camino, pero también el de cualquiera que focaliza en exceso toda su energía en esa fe, olvidando dejar un necesario resquicio para la duda, por donde respire su teoría.
Un orador extraordinario que consiguió asombrarme por su elocuencia durante veinte minutos, aproximadamente. Así que compré su libro nuevo, que venía con un cuadernito a juego, en el que en cada página en blanco, el lector que escribe en él encuentra una inspiradora cita.
El libro es delgado, y con una letras enormes, lo que a mi madre le ha encantado, una portada sugerente y un título irresistible, ¿quién no desea tener una buena vida?
Antes de proseguir, debo decir que soy psicóloga, y que inevitablemente mi crítica a esta obra se ve sesgada por esta condición. Porque no me gustaría hablar mal de este autor, es sólo, como si hubiera aprendido a montar en bicicleta, y extasiado ante los placeres que le produjese dicho hecho, tratase de compartir este conocimiento con todos los demás (caramba, su web se puede leer incluso en japonés, que alegría de testosterona), y para ello, decidiese escribir un libro en el que explicase a todo el mundo cómo montar en bicicleta. Podemos imaginar el resultado.
Me encantaría que hubiese gente a la que este libro le resultase extraordinario, que nunca haya leído nada parecido y que su lectura le ayude a reflexionar sobre su vida y contribuya a su felicidad.
Pero siento decir, que para mí todo lo que tenía que decir este autor ya viene dicho en esas citas que adornan la libretita de regalo, porque el resto del contenido de su obra no es más que una casi fanática explicación minuciosa de las mismas.
Quizá los psicólogos deberíamos afanarnos en escribir mejores libros para el público en general, en lugar de seguir diciendo "lo que todo el mundo sabe, con palabras que casi nadie entiende" y así no nos pisarían el césped predicadores de carpa de gran elocuencia (o grandilocuencia).
Eva MMJ