El relato que inspiró la película.
Para comenzar siendo sinceros, he de decir que nunca había oído hablar de Alberto Méndez, hasta que vi algún programa de estrenos de cine, y entonces descubrí que al parecer había un libro que se llamaba igual que la nueva película de la Verdú.
Ví una entrevista de ella y de Javier Cámara en un programa de entrevistas Cara a cara,(CNNplus) dirigido por Antonio San José que suele gustarme, por la variedad y el interés de los invitados que frecuentan el plató, habitualmente pertenecientes al ámbito de la cultura.
Pero la visión de Javier Cámara, de por sí extrañamente viscosa, con sotana, contribuyó a que mi interés en acudir al cine , a ver de nuevo a Maribel Verdú con un look de posguerra idéntico al que lucía ya en el Laberinto del Fauno, declinara rápidamente.
A partir de aquel día no ha pasado uno sólo en el que no haya oido algo o a alguien hablar sobre Los girasoles ciegos, y el libro se ubica entre los cinco más vendidos, según la Casa del libro.
Por lo que finalmente sucumbí, y como probablemente en algún momento iré a ver la peli, he preferido leerme primero el libro. Entonces he descubierto que se descompone en cuatro cuentos, que aspiran a producir el efecto global de diferentes historias que se complementan para trasmitir un mensaje.
Así que Los Girasoles ciegos, es el último de los relato, o Cuarta derrota, como el autor lo denomina. En la historia se entralazan las voces de un cura(al que ahora meresultaba inevitable ponerle la cara de Javier Cámara) y del hijo de un "rojo", Lorenzo, alumno del primero.
Lorenzo tiene unos siete años, y vive humildísimamente con su madre, Elena, que hace trabajos de costura y traducciones del aleman. Esta idea nos lleva por un momento a imaginar una historia paralela sobre la vida anterior de esa mujer, pero la simplicidad bien creada del relato nos lleva pronto a descubrir que el padre de Lorenzo, antiguo profesor de literatura, quien realmente realiza esas traducciones, en parte para aliviar la carga familiar, en parte para tener un pequeño objetivo para salir del armario empotrado donde pasa la mayor parte del tiempo escondido, deshecho, casi anhelando un final, el que sea, pero ya, por favor.
La figura del cura/profesor que acosa a Elena, desdes mi punto de vista, es perfectamente suprimible y le roba esa magia de la esplendida sencillez que recorre el resto de la historia. habría bastado con el excepcional tratamiento que se hace objetos inanimados símbolo de amenaza, como el ascensor, para mi, lo mejor de este cuento.
El sonido del ascensor subiendo que corta las respiraciones de los tres habitantes de aquel piso, que interrumpen sus actividades contando hacía que planta se dirige, en un silencio que sinteza sus vidas, unos segundos suspendidos en la incertidumbre, que se prolongan si el asecnsor se detiene en su planta, hasta, que suena el timbre en otra puerta, y caen de nuevo los dados sobre el parchís, con la fortaleza menguante que los mantiene aun en pie, capaces todavía de murmurar, de soñar brevemente una fuga, que se desvanece como el aire exhalado en la noche fría del invierno de sus existencias.
Eva MMJ