EL MUNDO DE MILLÁS
Enviado por: Eva María in Literatura, Clubdelectura.es, Club de lectura, blog on
oct 27, 2008
Descubro esta novela con un año de retraso. Ya la había visto en las librerías, por supuesto. Pero en su momento, como ya he explicado en posts anteriores, tuve que elegir entre la portada, casi pop-art de "Villa Diamante", y la funesta, de posguerra, con dos niños de pantalón corto, de "El Mundo".
Un título tan serio como el propio nombre de su autor, que parecía augurar un contenido denso, cargado políticamente de resentimiento, nombres y fechas de innumerables batallas, y planes estratégicos que desplazaban las fronteras de colores sobre el mapa de España. Así que escogí "Villa Diamante".
Pero aproximadamente un año después, debo decirlo, atraída por el Premio de Narrativa concedido por el Ministerio, pienso que ha llegado el momento de leer "El Mundo".
Leo las primeras cinco o diez páginas mientras hiervo la pasta, y ya estoy plenamente convencida de que me va a gustar, y de que va a ocupar un espacio físico en mi vida necesariamente breve, porque la voy a devorar sin descanso, pero que, como el gato que Gala cocinó para Dalí porque no se lo podían llevar a un viaje, la ingeriré de modo que una parte de ella pase a formar parte de mí, carnalmente.
Y lo primero que se me ocurre, es que el título está mal puesto (por no hablar de nuevo de la portada) y que debería llamarse "La calle de mi infancia ", o "Cómo imaginé el mundo que los adultos no se molestaron en explicarme". Un poco largo, quizá, pero más acertado que el criptográfico "El Mundo", ¿no?
Aun así, hay cosas que me gustan mucho de esta novela y otras que suprimiría por completo. Por lo que pienso que Juan José Millás ha escrito sinceramente sobre sus recuerdos, porque cuando narrativizamos nuestro pasado, podemos lograr que sea más mágico de lo que realmente en aquel momento nos pareció que lo fue, pero nos sentimos inevitablemente obligados a ser honestos. Y si hubo algún personaje que nos hirió, que nos desbarató durante algún tiempo la vida, simplemente, no podemos eliminarlo del relato, por que si no, no estaríamos contando la historia de verdad, y muchas veces el que escribe sobre sí mismo, necesita hacer las paces con su pasado, y si Mª José no apareciera en esta novela, la historia no quedaría lo suficientemente cerrada para contemplarla desde lejos, y que duela menos.
Me han sorprendido mucho (por las expectativas que me había autogenerado), los momentos en que Juanjo juega con la realidad como con una pompa de jabón que deforma bajo su visión infantil, como el otro niño, de al otro lado, al que le roza los talones una y otra vez (como una imagen especular), cuando se introduce en la cama, el tendero que simula ser agente de la Interpol, y convence a su hijo "el Vitaminas" de que lo es, para tenerlo alejado de los juegos activos que podrían matarlo en cualquier momento, debido a "su enfermedad", por lo que el chaval permanece sentado a la puerta de su casa, libreta en mano, anotando meticulosamente los movimientos de los que van y vienen por la calle.
Y para mí, lo mejor, el tranvía que los transporta a otro barrio de Madrid, que ambos niños, Juanjo y el Vitaminas creen habitado por las personas que mueren, "que pasan al otro lado", porque la muerte, como cita Millás, "no es más que un desplazamiento físico dentro de la vida".
El resto de la novela, tremendamente egocéntrico, de crisis de ansiedad, abusos de medicamentos, escapadas de agente secreto de situaciones fóbicas, reencuentros oníricos con "el amor de la infancia", y otros hechos desagradables, reafirman mi creencia de que el autor se ha sentido obligado a añadirlos para dotar de "verdad histórica" al relato de su vida.
Para mí, que el texto no constituye una autobiografía, sino una novela, le arrancaría unas cuantas páginas, y me parecería una historia más perfecta.
Desafortunadamente, esto es algo que sólo los demás pueden hacer con nuestras vidas, pero nunca, nosotros mismos.
Eva MMJ.
