Doctor, veo a rayas
Enviado por: Eva María in newblog, Literatura, Clubdelectura.es, Club de lectura, blog on
oct 19, 2008
Cuando su primer éxito aun no ha bandonado el número uno de los más vendidos, Boyne logra introducir su nueva novela, "Motín en la Bounty" en el mismo ranking de los superventas, coincidiendo con el estreno de la adaptación cinematográfica del libro que todo el mundo conoce, y que solucionó en buena parte la papeleta de los regalos Navidad del año pasado de presupuesto limitado: "El niño con el pijama de rayas".
Atravieso tres vagones del AVE hasta alcanzar la cafetería, y, sin poder evitarlo, voy fijándome en los títulos que los viajeros sujetan en sus manos, y a continuación, busco en sus caras un poco frecuente efecto de concordancia.
Mientras tomo mi té en pequeños tragos, no puedo dejar de pensar en que he visto al menos cinco veces la portada de rayas en diferentes tonalidades de verde.
Hace algún tiempo, comencé a leerme el libro de Boyne, pero en cuanto comprendí que se trataba de una historia de nazis, lo dejé inmediatamente en su respectiva estantería, de donde no ha vuelto a salir.
Probablemente se trate de un buen libro, de un excelente relato de una de las peores historias que se pueden contar (la guerra, el genocidio), pero ya he visto y he leído demasiadas historias de nazis. Me quedo con la deliciosa fábula (algo empalogosa, también es cierto) "La vida es bella", en la que un padre estructura narrativamente la realidad circundante a su hijo pequeño hasta convencerlo de que la devastadora experiencia de un campo de concentración se trata, en realidad, de un juego en el que todos concursan por el premio de un tanque, aliviando de éste modo el sufrimiento que dicha vivencia causaría en el pequeño, así como en su futuro desarrollo. Y si tuviera que optar por un libro, recomiendo "El hombre en busca de sentido", del austríaco Victor Frankl (1946), base de su técnica psiquiátrica, conocida como "logoterapia", en el que imprime pensamientos derivados de los años que él mismo pasó en un campo de concentración nazi, tan impactantes como el siguiente, que extraigo de su obra:
"Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas, la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino"
Llegó a Atocha y en la estación hay una feria del libro y en cada stand, un cartel promocional con el slogan: !libros al tren! Y una de las dos portadas que se suben a los vagones, no hace falta decirlo, ¿verdad? La verde a rayas.
Como si no se hubieran producido más guerras, ni más genocidios en el mundo.
Y me sale la vena snob. Hasta que no encuentre reunidas en el mismo espacio físico cinco personas que hayan visto "La vida secreta de las palabras", sobre la vida de una superviviente a las violaciones y las torturas de la guerra de Bosnia, quizá tan reciente en la memoria colectiva, que quema hacer arte sobre la brutal limpieza étnica que tuvo lugar entre 1992 y 1995, o la magnífica "Hotel Rwanda", basda en un hecho real acontecido en 1994 durante la guerra civil entre hutus y tutsis (con el correspondiente exterminio de un gran número, unos 800.000, de éstos por razones étnicas) o hayan leído "Cometas en el cielo", que narra los efectos de la invasión de las tropas soviética en Kabul de 1979 y la posterior llegada al poder de los talibanes, o "La insoportable levedad del ser", de Milan Kundera, con la Primavera de Praga del 68 como escenario de fondo de las vidas de sus personajes, o cualquiera de las realmente excelentes obras de Asne Seierstad, como el bestseller "El librero de Kabul, o su más reciente Angel de Grozni, escrita en base a entrevistas personales que ella mismó realizó a personas anónimas de Chechenia (de conflictos y guerrillas interminables imposibles de fechar), a huerfános azotados con látigos de hilos de cobre al rojo vivo, a madres de muchachas jóvenes, "terroristas" autoinmoladas en el teatro de Moscú, por citar sólo algunos ejemplos de mis favoritos, sólo entonces abriré la portada a rayas verdes y me sentaré a disfrutar, sin duda, de una buena historia.
Eva MMJ

