GANADORES Y FINALISTAS

Enviado por: Eva María in LiteraturaClubdelectura.esClub de lecturablog on Print 

Eva María

 

Mi compañero, que es muy competitivo, afirmaría sin dudas que quedar el segundo es perder el primero. Con el témino finalistas (y su suculenta cuota económica asociada) parece que finalistas y ganadores son capaces de posar sonriendo juntos para la prensa. Aunque el finalista quizá piense que ha estado tan cerca, que él se lo merecía tanto como el otro y todo este tipo de pensamientos que embargan a los "segundones"


Esta vez les ha tocado la foto del premio Planeta a Sabater, por "La hermandad de la buena suerte", y a Angela Vallvey por "Muerte entre poetas". Aun no he leido ningundo de los dos, así que necesariamente pospondré mis comentarios sobre estas obras.


Sin embargo, me gustaría aprovechar la oportunidad para hablar de la edición pasada. A Juan Jose Millas le han concedido esta misma semana el Premio Nacional de Narrativa, lo que revalida la legitimidad de su obra para figurar entre los populares "Planetas". Pero, ¿que sucede con el finalista del 2008?


No sé si ha habido mucha gente o poca que haya leído "Villa Diamante", ni tampoco he oído a nadie hablar sobre ella, aunque sí por supuesto sobre que el premio recayese en el conocido Boris Izaguirre. Como si sólo por el hecho de escribir un libro, se convirtiera en un escritor.


La verdad es que no logró entender cómo este galardón le fue concedido a Boris. Compré su obra esperando descubrir el lado intelectual del venezolano, cuyos destellos había atisbado en algún artículo, pero, sinceramente, "Villa Diamante" me pareció una novela pésima.


Una novela que continué leyendo hasta el final buscando qué la había distingido de tantas otras para recibir el premio, saltando entre escenas enteras muy parecidas a a las comidas con muchos invitados noveladas por García Marquez, la dictadura de la opresión en la que nadie podrá superar a Vargas Llosa, con sus alianzas secretas, sus torturas, y una dosis extra de

un dramatismo avinagrado y autocompasivo, que parece terminar en un cuento de hadas, y que no es más que una rancia venganza por la que al lector no le apetece pasar.


Y la malograda introducción de un personaje, un arquitecto italiano, una pequeña nota tan extravagante como inconexa, que casi al final del libro parece querer darle un nuevo giro, que no queda más que en un extremo colgando, que no logra hilvanar en el texto de la novela.


¿De verdad esta obra mereció ser la finalista entre otras 469 presentadas? O más bien en realidad sólo consiguió, perder en el primer puesto.


Eva MMJ

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